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VERSOS SIN RETORNO

VERSOS SIN RETORNO

Sigo alegre y sin el menor deseo de confesar lo que en mis pródigos ratos quiero hacer. Hay que evitar que la audacia no irrumpa, sin dejar tampoco que la razón se extinga.
Etiquetas asociadas : poesia

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VERSOS sin RETORNO

VERSOS sin RETORNO

No se trata de perturbar tu existencia. Se trata de compartir muchas cosas, tantas y tantas cosas que está en cada mundo cotidiano. Las mías que nunca dejan de estar a oscuras y a tientas muchas veces. Las tuyas que se cuelan como parte de un todo.
VERSOS SIN RETORNO VERSOS SIN RETORNO
Artículos : 82
Desde : 23/07/2009

Artículos para descubrir

Yo soy así

Deslumbrado y pese a todo el truhán vino y el truhán fue mascullando en desaliño de excelso don, el "señor". Buscó en la fama de indigno arguyendo que es inmune, y dice que ya está en el monte pregonando, "así soy yooo". Así debe ser supongo... ya vas a ver quién soy yoo dice el cuerdo más altivo cuando indignado explotó no siendo de las

Displicencias

La ruta, de mis días son contigo… los segundos contados mi deceso; te espero cuando llegues con tus bríos y sepas consumados mis delirios hace frío y mis sentidos… son de candor y ausencia, son de espera de vos que en estos brazos te derrites de mí que en esos tuyos se deshacen yo curtido en mis penumbras tú quizá perdida en tus complejas

La cansada Pacha

La llacta, dice que se encogía envuelta en el chiri candente de su cosmos, y que sobre ella danza el chumado que grita todopoderoso; donde danzaba el pingullero andino y danzan, y tropelan, los pocos y los muchos, pero nada más queda de la mama, del taita y de los guaguas que echar lava y vapor por su shimi para descargar su cólera. Yo runa admi

Sonámbulo

Voy camino de mi interminable jornada, y tú vas conmigo, y tú vienes y compartes, y me avizoras cosas supuestamente importantes, las cosas sin sentido; de las que yo no consigo despegarme porque sigo siendo ambiguo, retrógrado y tú eres el amor que me haces ver muchas cosas para que caiga en cuenta. Y nos cruzamos de besos y de tactos, de prome

Ayer leí tu carta

Releí otra y otra vez tus letras, ¡constreñido en tu ausencia con mis acostumbradas retóricas en silencio contemplé todas tus distancias remotas, mirando otra vez cómo se encumbra el vuelo sin el bañó fecundo de tus besos! Pero te veo andar con la nostalgia cuando te alegra caminando en tu playa, en tus horas intensas que encendío mi recue

A mi Don Tarquino Páez

El pueblo imploraba leyes, de la herencia y plusvalía la derecha con la «izquierda» en espíritu de cuerpo, combino de mal querencia y arremetieron con todo: con garrote con quilombo, con saña y con todo el combo. Y el Tarquino con su euforia bailaba, bailaba como un guerrero, felicidad y quimera, nada más que de otro esbirro: del Madera de Gu

Para matar la vida

Vino un señor vestido de camuflage, botas y casco, dijo Emilio. Apuntó al corazón de la flor con fusil en mano y lo mató, ya de esos pétalos destrozados que volaron esparcidos nadie lo recuerda! Vinieron las gaviotas a retar a los pájaros de guerra, a exigir su tranquilidad, su armonía vital y cotidiana, y sus pilotos no entendían; hablaban

Mi felicidad es intermitente

Yo tengo una felicidad intermitente, que se enciende y se apaga, que gira y queda quieta, una felicidad que se doblega otra felicidad que también yergue; yo tengo una felicidad amarga a veces y de cuando en cuando una felicidad completa. Tengo una felicidad que me gotea, y que por un momento es río eterno, pero viene y se escapa y sigue invierno

Subalterno

¡suba!... decía, y el holgazán nunca bajaba "lo que diga mi jefa", argüía el esbirro, mientras el igualado le llamaba Paty; y la Paty guiñaba con el que le adulaba. Mi jefa, no era de cristal pero tal vez de roca no era de seda pero quizá de roble, no era la mejor perla; por su papel de impía y vengando al de abajo cepillaba al de arriba. Y

Mi escobita de apapuco

Creció y vivió en sus parajes, con sombra, con luz, con viento, y entre la lluvia y el tiempo se agitaba mi apapuco. Compartió al tosco labriego con sus hojas, con sus ramas, con sus combinadas flores que cuelgan su esbelto tallo; y enamorado el jilguero, se acurruca en esas copas. Y era yo, el que te arrancaba, una vez, y una segunda, y otra ve