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Aprende a elaborar en tres pasos un mapa completo de riesgos laborales

Una de las herramientas de mayor utilidad en el ámbito de la prevención de riesgos laborales es el llamado “Mapa de Riesgos”. Consiste en una representación gráfica que indica el tipo, magnitud y ubicación de los riesgos existentes en un determinado ámbito, prevenir y hacer seguimiento de dichos riesgos. Aunque hay mapas de riesgos de muy diverso tipo (laborales, de salud pública, epidemiológicos, etc.) Y alcance (zona de trabajo, empresa, ciudad, provincia, etc.) A continuación se detallan los tres pasos principales para elaborar un mapa de riesgos laborales, referido a un centro de trabajo concreto.

Por Asier Arriaga
Aprende a elaborar en tres pasos un mapa completo de riesgos laborales

Primer paso: recopilación de información

Con el fin de prevenir, primero hay que conocer. Y para ello, debe buscarse información en todas aquellas fuentes relevantes. Los propios trabajadores expuestos al riesgo aportan una visión muy valiosa que no debe ser ignorada. Además, la visión técnica debe complementar esa visión, por medio de datos sobre las características de las instalaciones, productos químicos, maquinaria, etc. Por su parte, los informes estadísticos pueden ser también muy útiles, así como datos históricos sobre siniestralidad y enfermedades profesionales.

Segundo paso, traducirlo gráficamente

Por medio de una simbología consensuada, se identifica sobre un plano o mapa cada riesgo existente. Así por ejemplo, el ruido, la iluminación, el calor, las radiaciones, las sustancias químicas o las vibraciones deben contar con sus propios símbolos identificativos. Para ello, es habitual utilizar las señales habituales de cada riesgo que vienen definidas en la normativa. Para más información al respecto, puede consultarse la Nota Técnica de Prevención 511, del Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el trabajo (Insht.es).

Esta identificación debe incluir una valoración del riesgo: magnitud, número de trabajadores afectados, consecuencias, etc. Sea cual sea el método de valoración, este debe ser fiable y garantizar resultados válidos.

Tercer paso, sacar conclusiones

El mapa se elabora, nunca debe olvidarse, para combatir los riesgos. Por lo tanto, debe concluir con un análisis que permita extraer conclusiones sobre cómo mejorar la situación, proponiendo medidas concretas de prevención. Sin ellas, el mapa carece de sentido.

Y aunque no siempre se considera un elemento propiamente dicho del mapa de riesgos, es también habitual establecer medidas de seguimiento que comprueben la eficacia de las medidas preventivas establecidas, o en su caso permitan adoptar medidas alternativas.

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